De acuerdo a cifras del Ministerio del Ambiente, de las 25.000 especies de flora
presentes en nuestro territorio, 1044 son empleadas con fines medicinales por
curanderos, sanadores, abuelas y nietos que heredaron esta sabiduría ancestral
de sus antecesores. Si se separa el trigo de la paja de la charlatanería, la
medicina tradicional constituye una alternativa de tratamiento de la salud (para
muchos, la única a su alcance). ¿Cómo garantizamos su seguridad y eficacia? El
Dr. Geoffrey Cordell, especialista en farmacognosia, se encuentra en nuestro
campus como profesor visitante de la Sección Química del Departamento Académico
de Ciencias de la PUCP.
¿Cuál es el campo de estudio de la farmacognosia?
La farmacognosia es una de las ramas más antiguas de la farmacología. Es el
estudio de componentes biológicamente activos (drogas) de origen natural, que
provienen de diversas fuentes como plantas, hongos, bacterias, animales,
organismos marinos, o el ser humano. Abarca aspectos de la química, la
biología, la farmacéutica y de todo aquello vinculado a la medicina tradicional
(que en EE.UU. llamamos como “suplementos dietéticos”).
Hemos subestimado el potencial de esta medicina por mucho tiempo…
Es verdad. Aún persiste el prejuicio de pensar que las plantas medicinales no
son poderosas. Sin embargo, cerca del 64% de la población mundial confía en la
medicina tradicional como su única fuente de atención médica y casi el 50% de
las drogas que se venden en el mercado local bajo prescripción son productos
naturales o sus derivados.
Por ejemplo, la aspirina provino inicialmente de una fuente natural, ya que el
ácido acetilsalicílico es una modificación de la salicina, sustancia que se
encuentra presente en la corteza del sauce blanco. Ahora está molécula ya se
encuentra sintetizada, pero hay muchas otras drogas, como la morfina o la
codeína, que aún provienen de plantas naturales. No obstante, parece que la
gente ya no se acuerda de ello o tal vez nunca lo supo. Por lo tanto, una de nuestras
tareas es hacerles recordar de donde vinieron estos medicamentos.
La biodiversidad peruana es una fortaleza que podemos aprovechar para
construir una industria farmacéutica local.
Perú es uno de los 17 países más megadiversos del mundo. Tiene una amplia gama
de productos botánicos, así como mucha gente con amplio conocimiento de su uso.
Alguna parte de esta información está documentada y otra parte no. Como
firmante de la Convención
sobre la
Diversidad Biológica de la ONU, el Perú ha acordado elaborar un plan
nacional para la conservación y el uso sostenible de su biodiversidad, así como
proteger los conocimientos ancestrales de sus comunidades indígenas. Solo se
convertirá en una industria cuando este proceso sea exitoso.
Acumular esa información parece una actividad al alcance de nuestra realidad
económica…
Al contrario, es muy costosa. Ese es el problema: Hacer una investigación y
validar el uso de la medicina tradicional es una propuesta cara. Por lo tanto,
cada país deberá evaluar si tiene la capacidad, de manera individual o
colectiva, de generar sus propios medicamentos. Algunos estarán preparados y a
otros les tomará tiempo hacerlo. La diferencia entre ambos es como realizar un
salto con garrocha y subir las escaleras: Si no cuentas con los recursos ni la
experiencia para dar el gran salto, tendrás que avanzar a pequeños pasos. Y
puede tomarte alrededor de 15 años alcanzar la misma altura.
¿Entonces, qué podríamos hacer mientras tanto?
Yo recomiendo a que los pobladores locales acumulen este conocimiento de la
mejor manera posible, antes que los curanderos mueran sin pasar esta
información a las nuevas generaciones. Al principio, no parecerá un insumo
importante, pero cuando reúnes esta data y la comparas con la obtenida en
países vecinos, comienzas a comprender su valor. Y esta información te
permitirá saber cuál será el rumbo de futuras investigaciones.
En localidades donde existe uso ancestral de la medicina tradicional, ¿cómo
tendría que reformularse el sistema de salud para que esta conviva con las
pastillas, jarabes y ampollas?
Se necesita implementar servicios integrados de salud, que combinen la medicina
tradicional con la medicina occidental o alopática. Hace unos meses estuve en
Birmania, país que recientemente se ha abierto al mundo luego de 45 años de
aislamiento. Su sistema está tan integrado que el Ministerio de Salud tiene un
Departamento de Medicina Tradicional, al mismo nivel que el Departamento de
Ciencias Médicas. Además, existe una Universidad de Medicina Tradicional de la
que egresan profesionales listos para ejercer. Un sistema integrado de salud se
gana el respeto de la población rápidamente.
¿Cuál sería su consejo para aquellos usuarios frecuentes de la medicina
tradicional?
Cuando tomas un café en la mañana, esperas que la cafeína estimule tu sistema
nervioso central y te despabile. En la medicina tradicional, si un curandero te
dice que tomes una planta para aliviar tu dolor, como paciente esperas que su
tratamiento dé resultado. Si funciona, volverás a verlo; si no te hizo efecto,
tal vez regreses; pero si te causó daño, nunca vuelves.
Por eso, hasta que no se establezca un sistema que evalúe la seguridad y la
eficacia de la medicina tradicional, este seguirá basándose en la confianza. La
curación no está asegurada. Mi inquietud es cómo hacer que esta situación
cambie para garantizarle al paciente la misma efectividad que recibe cuando
toma una taza de café.
¿Qué rol podría desempeñar la
Universidad dentro de este panorama?
En otras partes del mundo, la academia, la industria farmacéutica y el gobierno
realizan investigaciones colaborativas en equipo. La PUCP tiene tremendo potencial
para desarrollar este tipo de programas porque tiene buenos profesionales y
buenas ideas. Lo que le falta es contar con el apoyo externo de otras
instituciones dispuestas a anteponer el bien común antes que el rédito personal.
FUENTE:
PUCP/DICYT