viernes, 29 de junio de 2012

INVESTIGAN EL CULTIVO DE MICROALGAS COMO ALTERNATIVA PARA CAPTURAR CO2

El Grupo de Investigación de Tecnologías Avanzadas Aplicadas al Desarrollo Rural Sostenible (Tadrus) de la Universidad de Valladolid, ubicado en la Escuela de Ingenierías Agrarias de Palencia y coordinado por el profesor Luis Manuel Navas, trabaja en una línea relacionada con la intensificación del cultivo de microalgas bien para fines energéticos, como la producción de biocombustibles, para su empleo en piensos animales o para la industria de síntesis en general.

Uno de sus investigadores, Jorge Miñón, ha recibido recientemente el premio ¿Investigamos? del centro tecnológico Itragra por su proyecto fin de Master, centrado en la producción de biomasa algal para la captura de gases de efecto invernadero. Este innovador planteamiento, asegura el joven científico, puede suponer una alternativa interesante para las industrias que más emisiones realizan a la atmósfera, como las centrales térmicas de carbón, dado que además de gestionar las emisiones “de forma local y sostenible” podrían obtener un rendimiento económico. “Con el cultivo de microalgas se obtiene una biomasa que después puede utilizarse para otros fines como la producción de biodiesel o bioqueroseno, o la elaboración de piensos animales”, subraya.
El trabajo que ha planteado, que será el germen de su tesis doctoral, se centra en diseñar un modelo con tres ejes principales, un estudio de la viabilidad a nivel energético del cultivo de microalgas, a nivel de potencial captura de CO2 y a nivel de producción de biomasa.

Para ello, el investigador ensayará el cultivo de microalgas con los tres tipos de fotobiorreactores que existen hoy día, instrumentos “que permiten optimizar las condiciones de crecimiento de las plantas, como la temperatura o la radiación”. En concreto, empleará fotobiorrecatores de canales, la tipología más sencilla y la que se ha utilizado tradicionalmente en la industria farmacéutica y de pisficactorías; fotobiorreactores de recipentes o conducciones, cuyo objetivo es maximizar la superficie iluminada e incrementar el rendimiento; y los fotobiorreactores de medio poroso, “que tienen unas perspectivas de futuro grandísimas”.

Posteriormente, realizará el análisis para estas tres tecnologías a nivel energético, de producción de biomasa y de captura de CO2. Con los resultados, “se realizará una extrapolación a Castilla y León y se elaborará un mapa con el potencial de producción de biomasa algal de la comunidad por medio de sistemas de información geográfica (SIG)”.

Unas especies capaces de crecer en condiciones complicadas

Como explica Jorge Miñón, las microalgas son las especies vegetales que mayor eficacia fotosintética presentan, “de ahí el gran interés que están teniendo para la captura de CO2”. No obstante, este potencial depende de la especie, que puede ser más o menos apropiada por ejemplo para la producción de biocombustibles, en función de su contenido en aceite.

Otro aspecto relevante de las microalgas es que son especies “primitivas” que no se ven inhibidas por ambientes reductores, es decir, carentes de oxígeno. “En la atmósfera primitiva, cuando el ambiente era reductor, fueron las especies que poblaron la Tierra. Este es un punto positivo ya que si les inyectamos gases de efecto invernadero ricos en CO2, óxidos de nitrógeno u óxidos de azufre, no solo siguen creciendo, sino que son capaces de aumentar su rendimiento”, agrega.

El proyecto está siendo tutorizado por el profesor Salvador Hernández y será presentado en julio. No obstante, la beca de 4.000 euros que le ha otorgado el Itagra tiene una duración de un año. “Con ella estoy montando una pequeña planta piloto con los tres tipos de fotobiorreactores”, señala el investigador, quien avanza que ha terminado de montar el de medio poroso y que ya se encuentra inoculando una especie de alga edáfica (presente en el suelo) que ha obtenido en la zona de Palencia.

Miñón ya obtuvo una beca Prometeo de la Fundación General de la Universidad de Valladolid para patentar un secadero de biomasa algal que diseñó en su proyecto fin de carrera.
Fuente: Cristina G. Pedraz/DICYT

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